la sobremesa #2 llego tarde a todos lados
Más días en Nueva York, introduciéndome al ETA, dating in NYC y el networking como moneda corriente.
“Que loco, nosotros tenemos una palabra para el extremo del estrés y ustedes para el extremo del placer.”
La sobremesa dio que hablar en las calles de Nueva York.
Mi madre me dejó un comentario en mi primera entrada que me hizo llorar, como si fuera Taylor cantando The Best Day. Me hizo prometerle que nunca iba a dejar que nada me sacara la manera que tengo de vivir la vida: desde el disfrute, desde el placer. Algo que le debo completamente a mi cultura argentina, a mi carácter porteño y a mi barrio eterno, Palermo (vengan de a mil).
Así fue que el otro día fuimos a un restaurante italiano en el West Village con las chicas del trabajo, y mi compañera me hizo el comentario con el que decidí comenzar esta sobremesa.
Italia y Argentina son una historia de amor intensa, inevitable y, sobre todo, peligrosa.
No sé qué cultura tiene más ganas de disfrutar la vida, y por eso siempre que piso suelo italiano me siento como en casa. Culpá a las raíces o al Diego, pero nuestro paso por ese restaurante italiano fue lo más cercano que tuve para mostrarles a mis compañeras la hermosa cultura de la sobremesa.
El lugar era paquete, todo me recordaba a las confiterías de los años 70 en el norte de Italia. Nos atendieron como si fuéramos diplomáticas, y aun así el manager, italiano hecho y derecho, no perdió oportunidad de chamuyarme entre sacar mi plato de pasta y ofrecerme un affogato.
Disclaimer: nunca miren a un italiano a los ojos, es peligrosísimo.
Entre el chamuyo del latín que mis compañeras eran incapaces de entender, el tano hizo algo que dejó a las yankees en jaque.
No nos entregó la cuenta.
Habíamos terminado de cenar hacía diez minutos y no había rastro de ningún post net.
“¿Por qué no nos sacan?”, preguntaban mientras les temblaban las manos, y yo pensaba: ¿acaso este tano me está dando el ejemplo perfecto de sobremesa?
Mis compañeras estaban fascinadas; habían comido rico y ahora tenían tiempo para alargar el disfrute. Y dentro de esa fascinación, mi amiga Iris me preguntó si teníamos una traducción para el concepto de “burned out”. Acá se usa muchísimo y se refiere al momento en que una persona se pasa de estrés y ya no puede más; sería estar pasado, pero llevado a un extremo. ¿Tenemos una traducción exacta o este concepto solo pertenece al mundo de vivir para trabajar?
Investiguemos.
¿Qué carajo es un ETA y por qué me lo piden tanto?
Hace dos semanas estaba llegando tarde a un almuerzo de trabajo. Nuevamente, la culpa no fue mía, sino del subte E, que se le cantó atrasarse 20 minutos. Es más, había salido con mucho tiempo de anticipación, pero mi destino es siempre hacer una late entrance, no hay con qué darle.
No te vayas por las ramas.
Al momento en que le comunico a mi compañera que iba a llegar un poco tarde, me manda lo siguiente:
“What’s your ETA?”
¿Qué carajo es un ETA?
Google siempre es mi aliado en estas situaciones, porque yo nunca voy a pedirle a un yankee que me explique algo.
Estimated Time of Arrival
De la nada me sentí un tren llegando a una estación, que en realidad así estaba: ansiosa, llegando tarde, con atrasos de trenes que estaban fuera de mi control. Aun así tenía que poner un horario de llegada. ¿Cómo sé a qué hora voy a llegar? ¿Y si me paso cinco minutos? El ETA me aterrorizó de manera instantánea.
No puedo pensar en algo menos “yo” que el ETA. ¿A quién se le ocurre ponerme esa presión? Encima yo, ilusa, pensé que era algo de una vez, pero ya van cinco veces en dos semanas que me lo piden. Incluida una amiga argentina que vive hace seis años acá: decepción país.
Si algún día les pido el ETA, sáquenme el DNI.
Hola, no me importa cómo te llamás, pero ¿de qué trabajás?
Nueva York, por sobre todas las cosas, detesta la sobremesa y ama el networking. Es el hobby del ciudadano, aquello que los mueve en el día a día y la única razón por la que te van a hablar.
Se acerca alguien con la caradurez de un neoyorquino promedio, se presenta de manera rápida y automáticamente desliza la pregunta: ”¿De qué trabajás?” Y ojo, porque si les gusta la respuesta, se viene el follow de Instagram, la tarjeta de contacto (¿debería tener una?) y la promesa de que “we should totally connect”.
Conectar. Creo que nunca usé ese verbo cuando conocí a alguien, y aun así, acá se utiliza en cada mail y despedida. De esto he pecado, y debo decirles que ahora soy un monstruo del networking. La ciudad me ha consumido, y mi sol en Capricornio se encuentra extasiado.
Creo que también en parte vine por ello, porque siempre me costó la introducción, el presentarme, el famoso approach. Soy buena conversando, siempre y cuando alguien más dé el primer paso por mí, en lo laboral y en lo romántico. Soy buena mandando mails y mensajes, pero si de un “hola” en persona se trata, me trabo; me come la vergüenza, el miedo a que me ignoren, las clásicas inseguridades de una adolescente de 26 años.
Sin embargo, acá ando, aprendiendo todos los días que el mundo es de los artistas y de los cararrotas. Menos mal que estoy en la mejor escuela de todas.
La crisis romántica es mundial
“Dating in this city is terrible”, me dijo mi compañera de trabajo, y yo pensé: “no hay escapatoria”.
Me pasé los últimos cinco años hablando con mis amigas sobre cómo la dating scene en Buenos Aires era de terror y cómo quizás el problema estaba en la ciudad y no en el género masculino en general. Lamentablemente, he recorrido distintas ciudades y hice investigación cultural (todo por el periodismo, muchachas), y debo decirles que, aunque las diferencias existan, el amor sigue siendo el juego más complicado de todos.
Y aun así, cuando ganamos, pareciese ser el más simple. Por eso me fascina e investigo; lo charlo, pregunto y me lo cuestiono todos los días de mi vida.
And you understand now why they lost their minds and fought the wars, and why I’ve spent my whole life trying to put it into words.
“There are too many options”, me dicen, y yo concuerdo. Parece que nos quejamos de lleno, pero salir con gente en esta ciudad es como entrar a Primark, abrumarte por la cantidad de cosas que hay y salir porque al final todo de alguna forma se va a sentir medio raro. Es una infinidad de hit or miss: podés conseguir un top que te quede mejor que cualquiera y también podés cometer el enorme error de comprarte un blazer mal confeccionado.
En tema apps, entran opiniones variadas. Muchos en esta ciudad te van a decir que sin apps no se puede salir. Otros dicen que lo único que necesitas hacer para conocer a alguien es sentarte en la barra de un bar y esperar. Ambas afirmaciones son ciertas porque son basadas en experiencias personales, en estudios de campo.
Yo nunca pude encariñarme con las apps. Las respeto, y muchas amigas conocieron a sus novios o, por lo menos, tuvieron experiencias divertidas por ellas. Sin embargo, las detesto, las defenestro y las quiero lejos mío. Lo que más me divierte de salir con alguien es el coqueteo del primer encuentro, el will they, won’t they—repito, adolescente de 26 años.
Entre mi romance empedernido, empiezo a ver a la gente de esta ciudad y me doy cuenta de lo difícil que es conectar en el sentido no laboral de la palabra. Hay una ilusión hermosa y peligrosa de que la persona con la que estás una noche puede llegar a desaparecer de tu vida en unas horas y nunca más la veas. La mística de una ciudad de tránsito: nadie es de acá ni nadie se queda definitivamente en estas calles.
Tantas opciones, culturas, historias, y aun así todo es tan efímero que nos encontramos en una crisis.
Notes on dating:
1. El ghosting es moneda corriente. Creo que todo está relacionado con que pueden no verte nunca más. En Buenos Aires los círculos son chicos; en algún momento te vas a cruzar al boludo en un boliche.
2. Por algo Carrie dijo que Nueva York era un freakshow y no, la gente loca no solo está en el subte. Digamos que te podés encontrar con cada personaje y, en parte, eso lo hace aún más divertido, sobre todo para mí que todo lo convierto en un episodio de una sitcom.
3. Hombre trola, pero educado, así que te tiene preparado un cargador extra, antifaz y cepillo de dientes para que te quedes a dormir.
4. Las citas son más cortas; acá la gente tiene horario para dormir y muchas cosas que hacer. O entrás en el calendar o te quedás sin salir.
5. Demasiados pervertidos y muchos boludos. A veces pecan de ambas. Borrá el “a veces”, siempre.
Luna en piscis y el skyline de Manhattan
Qué cosa maravillosa la escritura. Puedo estar dos meses en un bloqueo que no me deja terminar ni una oración, y un día me despierto y vomito palabras para escribir una novela.
I know whatever happens to me, I know it’s for the better.
“Waiting Room” es una canción que relaciono directamente con la ciudad de Nueva York. Phoebe Bridgers eligió cantármela dos veces, y las dos veces fue acá. Momentos bisagra en mi vida en donde me sentía en una sala de espera eterna. Escribí demasiados poemas durante esos años, la mayoría mirando la vista de esta ciudad, la misma que estoy mirando en este preciso momento. Me cuesta compartir mi poesía porque creo que es como darles acceso a mi diario íntimo; no hay nada más crudo que un poema, y me gusta pensar que aquellos escritos son una conversación privada entre mi yo del pasado y la de ahora y, por supuesto, las que vendrán en el futuro.
Este no va a ser el espacio para compartir mis poemas ni tampoco para ponerme tan sentimental (mentira, depende de en qué mood me encuentren), pero me gusta que el final de mis escritos se relacione directamente con lo que estoy pensando.
El sol del atardecer le pega a Manhattan con una sutileza que pareciese que entre ella y el sol hubiese un trato para convertirla en la ciudad más hermosa que vieron mis ojos. También creo que esta vista debe ser el sueño húmedo de cualquier arquitecto; entre un Chrysler en degradé y un Empire State con main character complex, la ciudad se sitúa como el epítome de lo urbano.
Y aun así, es una isla.
Las gaviotas la recorren, el agua la rodea y los puentes conectan las personalidades de los diferentes boroughs. Es tan contradictoria como básica. La ciudad de los miles de clichés, y aun así nadie la logra descifrar. Es imposible esperar algo de ella cuando cada día se crean mil y una historias en cada barrio. La miré tantas veces desde esta vista, me sé de memoria cómo le pega el sol a cada edificio y hasta podría decirte cuáles se encienden primero. Siempre fue una constante para mí; en cada momento que la vi, todo lo que cambié, las miles de Barbi en las que me convertí, siempre fue la misma vista y, aun así, nunca pude descifrarla.
Q&A SECTION
Preguntas que me hicieron y yo elegí responder. Just a fun lil thing!
¿Extrañas Buenos Aires?
Con locura. Es la mejor ciudad del mundo, se lo vivo diciendo a todo el mundo y todos sueñan con conocerla. Extraño bailar hasta las 6 de la mañana, las fiestas en mi casa, los cafés en Blanca, caminar por Palermo, los abrazos de mamá, la música de papá, los brunch con mis amigas; extraño todo. Aun así, estar lejos de ella me hace amarla aún más, si acaso eso tiene sentido. Me encanta la vida que estoy eligiendo, y extrañar nunca es malo; tampoco significa que quiera volver, simplemente es saber que tenés la suerte de amar el lugar de donde venís.
¿Dónde comer onigiris en Nueva York?
1. Ten Ichi Mart
2. Rice and Miso
3. Usagi
¿New York o Roma?
No soy para nada fan de Roma. Siempre Nueva York.
¿Cuál es el mejor consejo que le darías a una chica de 17 años?
Que no se tomo todo tan en serio. Hay tiempo de todo; ahora solo tiene que divertirse, explorar todo lo que le gusta y ser muy consciente de que sos chica!
¿Cuál es tu color favorito?
Naranja, verde, rojo.
THIS OR THAT
Adam Brody kiss, pero te rompe el corazón o conoces a Taylor y te demuestra que le caes mal con gestos.
Muy simple: Adam Brody kiss, porque aunque me rompa el corazón, al menos PASÓ. De lo de Taylor nunca podría recuperarme; además, estoy convencida de que seríamos amigas. También estoy convencida de que Adam me rompería el corazón.
Me tengo que ir a boxeo, así que me levanto de la mesa.
xoxo
Barbi










De forma un poquito egoísta te extraño por las redes barbi, pero me alegra realmente mucho la vida que estás tomando y que nos compartas estos pedacitos de tus pensamientos, con mucho sentimiento y vocación como todo lo que venis haciendo desde que te sigo en pandemia. Felicitaciones por esta versión tuya!
PD: yo tampoco conocía lo que es el ETA y no se me ocurre contestar otra cosa que: que voy a saber eso boludo? es pedir una banda
Quería que este newsleter durara 4511 párrafos más.